RECICLARSE PARA SOBREVIVIR

Tengo 47 años y pertenezco a la generación sándwich.

Hasta hace unos meses, tanto mi mujer como yo sosteníamos económica y emocionalmente a nuestros tres hijos, los dos mayores pertenecen a la generación perdida, el pequeño se lo está currando para no abandonar su puesto de honor dentro de la generación ni-ni. A todo esto he de añadir al abuelo, mi suegro, viudo y con una pensión miserable que no le llega ni para encender la calefacción en invierno, depende de nuestra ayuda para poder vivir dignamente. Él es un superviviente de la «generación del 33».

En medio de ésas dos rebanadas afectivas del entorno familiar es donde mi mujer y yo, algo estrujados, nos venimos a situar. La carga de responsabilidad llega a ser tan fuerte que, a veces, tenemos la sensación de estar atrapados en manos de una fuerza voraz dispuesta a engullirnos.

Para colmo, yo, impresor de huecograbado, me quedé desempleado hace cuatro meses. En mi caso, la expresión generación sándwich, se cumple por partida doble; tanto por situación familiar, como laboral: demasiado joven para jubilarme, y demasiado viejo para encontrar trabajo.

 

Del desaliento a la acción

Las primeras semanas tras el cierre de la imprenta, fueron terribles. Encontrarme entre los millones de desempleados que nutren las filas del paro fue un mazazo terrible. Tengo pocas opciones para acceder de nuevo al mercado laboral, ya no sólo por edad, sino también por formación. Mi trabajo dentro de la imprenta era casi artesanal, un negocio familiar este que arrancó allá por 1953. Ahí es nada.

La cuestión es que no me queda otra alternativa que reciclarme o morir. Así de crudo y taxativo.

Tras varias semanas en un bucle de autocompasión y desaliento, comencé a plantearme un cambio de mentalidad. Lamerme las heridas no iba a llevarme nada más que a una depresión galopante.

Curso diseño gráfico: la alternativa al cambio

Tras poner sobre la mesa todas las alternativas, decidí que, por perfil y afinidad, el mundo del grafismo debería constituir mi salida profesional. El diseño gráfico abarca un gran abanico de competencias, muchas de ellas afines a lo que hasta hace poco era mi campo de acción:

  • Diseño publicitario.
  • Diseño corporativo.
  • Diseño web.
  • Diseño packaging.
  • Diseño editorial.
  • Diseño tipográfico.

En ello estoy, acabo de inscribirme en un curso diseño gráfico como parte de mi reorientación laboral que espero sirva para reciclarme profesionalmente.

Si perteneces a la generación sándwich y algún día te encuentras en mi situación, no lo dudes, busca una alternativa que te aleje de la autocompasión. Mi respuesta creo haberla encontrado en el curso diseño gráfico que me pondrá en camino, si no a un trabajo por cuenta ajena, sí al autoempleo como autónomo.

Lo importante es no rendirse nunca.

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